Los vivos, los amantes, los rebeldes, los locos, los luchadores, los pasionales, los sensibles, los mágicos.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Palestina: Palabras de un niño palestino

Palabras como cohetes de un niño palestinos que desafia  la arrogancia sionista
www.PerspectivaInternacional.Net
Nota de Mohamed Faouzi
Traduce al español Abdo Tounsi


Yo no os temo... 
Ya no tengo nada que perder 
Solo poseo unas piedras de mi casa derruida 
Y dignidad que heredé de mi familia. 
Yo ya no os temo... 
Yo, las piedras y el alma de mi familia os esperamos aquí 
No me importan vuestras balas 
Porque tengo mis piedras y la valentía que os aterroriza 
No, no, vosotros ya no me dais miedo 
Ni siquiera la muerte me aterroriza 
Yo tengo añoranza por la comida de mi madre asesinada 
Sí, mi madre, a la que cayó sobre ella junto a mis hermanos el techo de mi casa 
Tal vez si vuestra cobardía me mata me reúno con ella 
Seguro que está preocupada y me espera, con el bocadillo en su mano 
Ella no teme que muera 
Pero teme que pierda lo que me queda de dignidad 
Teme que venda la tierra y la sangre de mi familia 
No me miréis así, y no digáis que soy pequeño 
Que solo tengo doce años 
Dentro de mí hay un gigante que os aterroriza 
¡Veis las muertes en la calles y pensáis que hemos muerto! 
Pero a nosotros no nos aterrorizan 
Porque nos lleva con nuestros queridos. 
Cada caído de nosotros tiene queridos en el cielo que le esperan 
Nosotros los héroes tenemos el honor de estar en el cielo 
Así que venid a mi, os estoy esperando 
Tengo una piedra y el alma de mi familia y os combatiré 
Por que yo no os temo
 ..





La canción del desarraigo

Cuando llegué a Madrid, lo primero que me sorprendió fueron los rostros de las personas que viajaban en los intestinos del subsuelo. Nadie hablaba, nadie sonreía. Los viajes de un punto a otro de la ciudad les arrebataban las ganas de vivir. Las miradas nunca se sostenían más de dos segundos. La sociabilidad era inversamente proporcional a los centímetros cuadrados que nos correspondían a cada uno en aquel dragón de metal. La melancolía terminó por absorberme a mí también, aún siendo una forastera de la gran urbe. Ésa tristeza monótona sólo era rota, de cuando en cuando, por algún músico o un pedigüeño. En el primer caso, me quitaba los cascos y escuchaba a los artistas que paliaban el hambre con acordes. Algunos reincidían, dependiendo de horarios y líneas. Al caer la hora de la siesta, en la circular, siempre subían tres hombres de piel de cuero, atizados por un sol centroamericano, que versionaban canciones de pop con un banjo y una flauta de pan. El cantante y recaudador del beneficio del concierto unía frases melódicas con su propio físico: “… y se agarra a su tabla de naufrago, tocando su eterna canción” chocaba con la estrella y la palabra “AMOR”  tatuadas en el dorso de su mano.
Cuando se trataba de un hombre que pedía limosna entre lamentos sobre la crueldad de la vida, las caras se volvían agrias de desprecio e indiferencia fingida. Hasta que llegó el día en que un ex presidiario, a punto de ser desalojado de su ratonera por la casera, destrozado por las peleas y la droga – la mala bicha, decía él-, no suplicó las monedas de los viajeros. Exigía entre gritos y amenazas su parte correspondiente por redimir los pecados de todos los beneficiarios del Estado del bienestar. El mártir del sistema capitalista se había librado de las cadenas que le ataban a las cloacas que ninguno queríamos ver, y pedía, cristalizado de rabia, su recompensa. Un altavoz sintonizó el canturreo de la próxima parada. Le dejaron solo en el vagón. 

martes, 27 de diciembre de 2011

Carne para la picadora

Encendió un cigarrillo. Otro más que consumía la noche después de tantos golpes. Caía lluvia helada sobre sus cuerpos temblorosos. El humo se fundió en la luna.
-Joder, colega... No sé cómo explicarlo. Es ésa sensación, ya sabes, La Sensación. El suelo comienza a tambalearse a cada paso. La peña se cruza a tu lado y le importa una mierda, cada uno va a lo suyo. Entonces sientes cómo te va inundando. El jodido tsunami. Y no puedes escapar. Ahora eres parte de él. Te preguntas por qué. Buscas respuestas por autocompasión. Va subiendo como una fiebre sin piedad. Las lágrimas resbalan pesadas por tu carita demasiado joven. Te restriegas las mejillas con asco. Va subiendo, digo, te va inundando una rabia tan intensa que... sólo puedes apretar tus colmillos hasta que suena un chasquido. Inmediatamente aparece el dolor. El dolor de verdad, hermano. El dolor en esencia, con todo lo que su significado implica. Y por fin lo sientes... Lo comprendes. El dolor eres tú, es él, es el todo. Parece hasta hermoso. Es tan fuerte, tan jodidamente fuerte que parece que el mundo se va a partir en dos si te liberas con un grito, con un puñetazo; si no lo haces, tú mismo vas a partirte en dos. Atravesado por un rayo. Un corte limpio, brutal, perfecto. Sólo quedarán tus dos pedazos de carne chamuscada. Sólo eso.
-Joder, tío... Eres muy fuerte, pero ni aún así podrás seguir adelante arrastrándolo... ¿qué piensas hacer?
-No pienso rendirme. No voy a darles esa satisfacción. Han caído muchos, tío, pero yo no. No podrán conmigo. Aquí sólo se rinden los canallas.

martes, 6 de diciembre de 2011

Fragmentos de La Voz Dormida de Dulce Chacón

 "[...] Cuatro horas para asomarse al abismo de su pérdida, para enfrentarse de nuevo a la muerte, para hacer el amor en una estrella y sentir que le sobra la vida y le faltan los brazos. De no abrazarla. No abrazarla. Y le faltan los labios porque le falta su boca. Besos, caricias y relámpagos. Le faltan. Mírame, aunque yo no te mire. Nunca volverá a mirarla. Nunca. [...] El grupo ha llegado ya al campamento, y Celia se da la vuelta. Se dispone a hablar con Mateo. Pero no lo hace. Le mira. Y Mateo huye de su mirada. Y huye de ella. Se dirige a paso rápido hacia una de las hendiduras que forman las últimas rocas y se esconde entre las piedras. Para ocultar el llanto."


"La soledad se descubre a menudo en la necesidad de un abrazo."


"Quizá el tiempo se mida en palabras. En las palabras que se dicen. Y en las que no se dicen. Pepita lee una y otra vez los diarios de Hortensia. Una y otra vez. Un día y otro. Y un mes. Y otro mes. Pepita cuenta las páginas de los cuadernos azules y las veces que las ha leído para Tensi, mientras Tensi crece.
Y cuenta los días y los meses que pasan sin noticias de Francia, idénticos unos a otros en el silencio. Sí, el tiempo es también la duración del silencio.
Es necesario aprender a vivir en la espera. Es necesario aprender a respirar cuando llama el cartero a la puerta y se teme y se desea una carta de Francia. Es preciso distinguir entre el alivio y la tristeza cuando un suspiro se escapa al ver marchar al cartero. Y las manos vacías [...]."








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Quieres llorar. Y es tiempo
de sequía.
Quieres llorar. Y son tus ojos
girasoles marchitos.


                                                                                         Martín Romero Moreno

lunes, 5 de diciembre de 2011

Dignidad

“Gral. Uriburu, acabo de enterarme del petitorio presentado al gobierno provisional pidiendo magnanimidad para mí. Agradezco a mis compañeros de letras su leal y humanitario gesto; reconozco el valor moral que han demostrado en este momento de cobardía colectiva al atreverse por mi piedad a desafiar sus tonantes iras de Júpiter doméstico. Pero no autorizo el piadoso pedido ... Magnanimidad implica perdón de una falta. Y yo ni recuerdo faltas ni necesito magnanimidades.
Señor general Uriburu, yo sé sufrir. Sé sufrir con serenidad y con inteligencia. Y desde ya lo autorizo que se ensañe conmigo si eso le hace sentirse más general y más presidente. Entre todas esas cosas defectuosas y subversivas en que yo creo, hay una que se llama karma, no es un explosivo, es una ley cíclica. Esta creencia me hace ver el momento por que pasa mi país como una cosa inevitable, fatal, pero necesaria para despertar en los argentinos un sentido de moral cívica dormido en ello. 
Y en cuanto a mi encierro: es una prueba espiritual más y no la más dura de las que mi destino es una larga cadena. Soporto con todo mi valor la mayor injuria y la mayor vergüenza con que puede azotarse a una mujer pura y me siento por ello como ennoblecida y dignificada. Soy, en este momento, como un símbolo de mi patria. Soy en mi carne la Argentina misma, y los pueblos no piden magnanimidad.
En este innoble rincón donde su fantasía conspiradora me ha encerrado, me siento más grande y más fuerte que Ud., que desde la silla donde los grandes hombres gestaron la nación, dedica sus heroicas energías de militar argentino a asolar hogares respetables y a denigrar e infamar una mujer ante los ojos de sus hijos ... y eso que tengo la vaga sospecha de que Ud. debió salir de algún hogar y debió también tener una madre.
Pero yo sé bien que ante los verdaderos hombres y ante todos los seres dignos de mi país y del mundo, en este inverosímil asunto de los dos, el degradado y envilecido es Ud. y que usted, por enceguecido que esté, debe saber eso tan bien como yo.
General Uriburu, guárdese sus magnanimidades junto a sus iras y sienta como, desde este rincón de miseria, le cruzo la cara con todo mi desprecio

Salvadora M. O.
Cárcel del Buen Pastor, julio 5 de 1931

viernes, 2 de diciembre de 2011

La estación seca - Buenas Noches Rose

Noto tu ausencia
como un arañazo en el pecho
que cortó los lazos
que ayer sujetaron
el mismo sueño.
Se ha marchado el sol,
se ha secado el pozo,
y nuestro joven brote
es un tronco hueco
y pesado.
Ya he asumido que todo aquello se nos fue
de las manos,
mientras barro del suelo
nuestros
pedazos.


No puedo evitar sentir mi corazón girando dentro del sumidero,
masticando los cristales del espejo donde tu reflejo
empañó mi reflejo,
de mil cosas rotas
hago un puzzle nuevo en
mi cabeza,
algo que me ayude a echar raíces
en la estación
seca.


Aún así
busco aquel sendero en la luna,
respirando el polvo
que casi nada
cura;
ahora sí me importan una mierda las palabras
bonitas,
tus bonitos ojos
son dos recuerdos
dolorosos.

No puedo evitar sentir mi corazón girando dentro del sumidero,
masticando los cristales del espejo donde tu reflejo
empañó mi reflejo,
de mil cosas rotas
hago un puzzle nuevo en
mi cabeza,
algo que me ayude a echar raíces
en la estación
seca.